
El mayor Giovanni Herrera y los intendentes Mario Gil y Fabián Cortés desempeñan un valeroso pero casi ignorado trabajo como integrantes de la Unidad Antiexplosivos de la Policía Metropolitana de Bogotá.
Los tres están para ser héroes anónimos, como tuvieron la oportunidad de demostrarlo el pasado 15 de mayo cuando terroristas dejaron a las 4 de la mañana en el centro de Bogotá un carro-bomba con 140 barras de explosivo y 10 kilos de metralla. En 40 minutos el trabajo conjunto de los tres logró desactivar el explosivo.
Ese día pocos minutos después de desactivar esa bomba, otra, dirigida contra el ex ministro Fernando Londoño explotó en el norte de Bogotá. Por eso, el logro de los tres hombres en la mañana no tuvo mayor relevancia. Los tres, esposos y padres, saben que es mejor así, pues ellos no quieren estar en los titulares.
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